MÉXICO ENVEJECE: EL FUTURO LLEGÓ ANTES
México alcanzó los 130.9 millones de habitantes en 2025, pero el dato que marca un cambio importante no está únicamente en el tamaño de la población, sino en su composición, pues el país crece a un ritmo menor y la edad mediana de sus habitantes aumentó de 29 a 32 años en apenas cinco años, de acuerdo con la Encuesta Intercensal 2025 del INEGI.
Entre 2020 y 2025, la población registró un crecimiento promedio anual de 0.7%, por debajo del ritmo observado en periodos anteriores, mientras que el envejecimiento avanzó con mayor rapidez, ya que el incremento de tres años en la edad mediana ocurrió en la mitad del tiempo que tomó pasar de 26 años en 2010 a 29 en 2020.
El cambio también se refleja en las nuevas generaciones, debido a que la fecundidad ha mantenido una tendencia descendente y cada vez nacen menos niñas y niños, un fenómeno que modifica gradualmente la estructura de edades y anticipa mayores desafíos relacionados con pensiones, servicios de salud y disponibilidad futura de trabajadores.
El envejecimiento, sin embargo, no avanza de manera uniforme en todo México, pues existen diferencias importantes entre las entidades y regiones, lo que implica que las necesidades de infraestructura, salud, educación y servicios públicos también cambiarán a distintos ritmos; precisamente, el INEGI señala que la Encuesta Intercensal permite identificar estas brechas y necesidades territoriales para apoyar la planeación y las políticas públicas.
Los resultados muestran además que en México había 39.7 millones de viviendas particulares, con un promedio de 3.3 habitantes por vivienda, mientras que 51.9% de quienes residían en ellas eran mujeres y 48.1% hombres, datos que forman parte de una radiografía demográfica que actualiza la información disponible entre los censos de 2020 y 2030.
El nuevo panorama plantea el reto de adaptar la planeación del país a una población que crece menos y envejece, particularmente en rubros como empleo, productividad, pensiones y atención médica, ya que las decisiones públicas de las próximas décadas tendrán que considerar una estructura demográfica distinta a la que México mantuvo durante buena parte de su historia reciente.

